Agotamiento del teléfono y el desplazamiento.

Viernes 20 de Marzo de 2026
Edición Nº 2739


20/03/2026

Agotamiento del teléfono y el desplazamiento.

Hartos de la obsesión por las noticias negativas y preocupados por la disminución de su capacidad de atención, algunos jóvenes de la Generación Z están registrando lo que ven y leen para dejar de desplazarse por la pantalla.

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La Gen Z está tratando de salir del doomscrolling reemplazándolo por un consumo de contenido más intencional y consciente.

La Generación Z está empezando a redefinir su relación con el consumo digital. Frente al agotamiento que produce el doomscrolling —ese desplazamiento infinito y automático por redes sociales— emerge una tendencia que busca recuperar el control del tiempo y la atención. Ya no se trata solo de consumir contenido, sino de hacerlo de manera consciente, con una lógica más cercana a la curaduría personal que al algoritmo.

En este contexto, cada vez más jóvenes están adoptando prácticas de registro: anotan los libros que leen, las películas que ven o los podcasts que escuchan. Esta práctica, que mezcla herramientas digitales con hábitos analógicos, funciona como una especie de “bitácora cultural”. No solo ordena el consumo, sino que también lo vuelve visible, compartible y, sobre todo, intencional. Como muestra el fenómeno viral de “lo que consumí en vez de scrollear”, el objetivo es reemplazar el hábito automático por decisiones conscientes.

El fenómeno no implica un rechazo total a la tecnología. Por el contrario, muchas de estas prácticas se apoyan en plataformas digitales, desde redes sociales hasta aplicaciones específicas. Sin embargo, el objetivo es claro: usar la tecnología como herramienta y no como entorno dominante. Es un cambio sutil pero profundo, donde el usuario intenta recuperar poder frente al diseño adictivo de las plataformas.

Detrás de este comportamiento hay algo más que una búsqueda de productividad. Se trata de una reacción cultural frente a la saturación de estímulos, la ansiedad digital y la fragmentación de la atención. En palabras de la creadora Maria Paula Colmenares, referente de esta tendencia, hoy “no podés soportar un segundo sin estímulos” , sintetizando el nivel de dependencia que muchos jóvenes perciben en su relación con el entorno digital.

En definitiva, la Gen Z no está abandonando el mundo digital, sino transformando su vínculo con él. El paso del consumo automático al consumo consciente marca un cambio de época: de la distracción permanente hacia una nueva forma de atención. En ese movimiento, no solo se redefine cómo se consume contenido, sino también cómo se construye identidad en la era digital.

La Gen Z está tratando de salir del doomscrolling reemplazándolo por un consumo de contenido más intencional y consciente.

La Generación Z está empezando a redefinir su relación con el consumo digital. Frente al agotamiento que produce el doomscrolling —ese desplazamiento infinito y automático por redes sociales— emerge una tendencia que busca recuperar el control del tiempo y la atención. Ya no se trata solo de consumir contenido, sino de hacerlo de manera consciente, con una lógica más cercana a la curaduría personal que al algoritmo.

En este contexto, cada vez más jóvenes están adoptando prácticas de registro: anotan los libros que leen, las películas que ven o los podcasts que escuchan. Esta práctica, que mezcla herramientas digitales con hábitos analógicos, funciona como una especie de “bitácora cultural”. No solo ordena el consumo, sino que también lo vuelve visible, compartible y, sobre todo, intencional. Como muestra el fenómeno viral de “lo que consumí en vez de scrollear”, el objetivo es reemplazar el hábito automático por decisiones conscientes.

El fenómeno no implica un rechazo total a la tecnología. Por el contrario, muchas de estas prácticas se apoyan en plataformas digitales, desde redes sociales hasta aplicaciones específicas. Sin embargo, el objetivo es claro: usar la tecnología como herramienta y no como entorno dominante. Es un cambio sutil pero profundo, donde el usuario intenta recuperar poder frente al diseño adictivo de las plataformas.

Detrás de este comportamiento hay algo más que una búsqueda de productividad. Se trata de una reacción cultural frente a la saturación de estímulos, la ansiedad digital y la fragmentación de la atención. En palabras de la creadora Maria Paula Colmenares, referente de esta tendencia, hoy “no podés soportar un segundo sin estímulos” , sintetizando el nivel de dependencia que muchos jóvenes perciben en su relación con el entorno digital.

Maria Paula Colmenares, una estudiante de negocios de moda de 22 años que vive en Italia, administra un canal de Substack llamado "Instead of Doomscrolling" con más de 448.000 suscriptores.

 
Tras pasar las vacaciones de verano pegada al móvil, Colmenares quiso encontrar la manera de ser más consciente de lo que consumía en internet. Creó una página en Substack donde comparte un resumen de los contenidos que ha leído o escuchado.

"Incluso pensando en YouTube, podías sentarte y ver un vídeo de una hora sin ningún problema", dijo Colmenares, refiriéndose a las redes sociales antes de que los feeds se volvieran aún más personalizados.

"Ahora, estoy segura de que es mucho más difícil para la gente hacer eso sin coger el teléfono o hacer otra cosa —tener, por ejemplo, un millón de cosas en marcha— porque no puedes soportar un segundo sin estímulos", añadió.

Desde el lanzamiento de su cuenta de Substack en abril del año pasado, compartir "contenido que he consumido esta semana en lugar de perder el tiempo viendo noticias negativas" se ha convertido en una tendencia creciente en las redes sociales.vv

En definitiva, la Gen Z no está abandonando el mundo digital, sino transformando su vínculo con él. El paso del consumo automático al consumo consciente marca un cambio de época: de la distracción permanente hacia una nueva forma de atención. En ese movimiento, no solo se redefine cómo se consume contenido, sino también cómo se construye identidad en la era digital.v

La Gen Z está tratando de salir del doomscrolling reemplazándolo por un consumo de contenido más intencional y consciente.

La Generación Z está empezando a redefinir su relación con el consumo digital. Frente al agotamiento que produce el doomscrolling —ese desplazamiento infinito y automático por redes sociales— emerge una tendencia que busca recuperar el control del tiempo y la atención. Ya no se trata solo de consumir contenido, sino de hacerlo de manera consciente, con una lógica más cercana a la curaduría personal que al algoritmo.

En este contexto, cada vez más jóvenes están adoptando prácticas de registro: anotan los libros que leen, las películas que ven o los podcasts que escuchan. Esta práctica, que mezcla herramientas digitales con hábitos analógicos, funciona como una especie de “bitácora cultural”. No solo ordena el consumo, sino que también lo vuelve visible, compartible y, sobre todo, intencional. Como muestra el fenómeno viral de “lo que consumí en vez de scrollear”, el objetivo es reemplazar el hábito automático por decisiones conscientes.

El fenómeno no implica un rechazo total a la tecnología. Por el contrario, muchas de estas prácticas se apoyan en plataformas digitales, desde redes sociales hasta aplicaciones específicas. Sin embargo, el objetivo es claro: usar la tecnología como herramienta y no como entorno dominante. Es un cambio sutil pero profundo, donde el usuario intenta recuperar poder frente al diseño adictivo de las plataformas.

Detrás de este comportamiento hay algo más que una búsqueda de productividad. Se trata de una reacción cultural frente a la saturación de estímulos, la ansiedad digital y la fragmentación de la atención. En palabras de la creadora Maria Paula Colmenares, referente de esta tendencia, hoy “no podés soportar un segundo sin estímulos” , sintetizando el nivel de dependencia que muchos jóvenes perciben en su relación con el entorno digital.

En definitiva, la Gen Z no está abandonando el mundo digital, sino transformando su vínculo con él. El paso del consumo automático al consumo consciente marca un cambio de época: de la distracción permanente hacia una nueva forma de atención. En ese movimiento, no solo se redefine cómo se consume contenido, sino también cómo se construye identidad en la era digital.

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